FIDES

FIDES
No te resignes antes de perder
definitiva, irrevocablemente,
la batalla que libras. Lucha erguido
y sin contar las enemigas huestes.
¡Mientras veas resquicios de esperanza,
no te rindas! La suerte
gusta de acumular los imposibles
para vencerlos en conjunto, siempre,
con el fatal y misterioso golpe
de su maza de Hércules.
¿Sabes tú si el instante
en que, ya fatigado, desesperes,
es justo aquel que a la definitiva
realización de tu ideal precede?
Quien alienta una fe tenaz, el hado
más torvo compromete
en su favor. El sino a la fe sólo
es vulnerable y resistir no puede.
La fe otorga el divino privilegio
de la CASUALIDAD, a quien la tiene
en grado heroico.
Cuando las tinieblas
y los espectros y los trasgos lleguen
a inspirarte pavor, ¡cierra los ojos,
embraza tu fe toda, y arremete!
¡Verás cómo los monstruos más horribles,
al embestirlos tú, se desvanecen!
Cuanto se opone a los designios puros
del hombre, es irreal; tan sólo tiene
la imaginaria vida

que le dan nuestro miedo y nuestra fiebre.
Dios quiso en su bondad que los obstáculos
para aguzar las armas nos sirviesen;
quiso que el imposible
estuviera no más para vencerle,
como está la barrera en los hipódromos,
a fin de que la salten los corceles.
Búrlate, pues, de cuanto en el camino
tu altivo impulso detener pretende.
¡No cedas ni a los hombres ni a los ángeles!
(Con un ángel luchó Jacob, inerme,
por el espacio entero de una noche,
… y el ángel le bendijo, complaciéndose
en la suprema audacia del mancebo,
a quien llamó Israel, porque era FUERTE
CONTRA Dios…)
¡Ama mucho: el que ama embota
hasta los aguijones de la muerte!
Que tu fe trace un círculo de fuego
entre tu alma y los monstruos que la cerquen,
y si es mucho el horror de los fantasmas
que ves, cierra los ojos, y arremete!
Marzo, 3 de 1915.

Amado Nervo

¡ENSEÑAME EL CAMINO!

¿Qué tiempo tienes tú para estar triste,
si toda tu existencia es de los otros?
Jamás bajaste al fondo de ti misma,
e ignoras el océano
de claridad que llevas.
Espejo es tu alma, que, apacible, copia
la santidad remota de los astros.
Pero tú no lo sabes.
Tú, en un ardor de caridad perpetua
te derramas; tus penas
son las penas del mundo; en tus entrañas
de mujer, llora y ríe
la humanidad entera.
Cuando te extingas para siempre, acaso
ni siquiera sabrás la luz que diste.
«¡El cielo!… ¡Y para qué, si tú lo llevas
dentro de ti! ¡Qué goce puede darse
a quien realiza en todos los minutos
la suprema ventura!
¡Qué visión beatífíca
vais a ofrecer a quien es uno mismo
con Dios…!
¡Oh, mi hermanita, mi hermanita,
déjame contemplar tus tocas blancas,
que irradian un fulgor de nieve pura
entre la sombra de la estancia, donde
agoniza el enfermo a quien asistes
y por quien amorosa te desvelas!
Déjame contemplar tus nobles canas,
tus arrugas, que son como celestes

surcos en donde el Sembrador divino
su simiente inmortal sembró…
Permite
que me mire en tus claros ojos dulces,
inocentes y castos, en que brilla
la promesa de transfiguraciones
cercanas… ¡Santifíqueme tu influjo!
Enséñame, hermanita,
enséñame el camino
para llegar a Dios…
¡Por la infinita
soledad yo le busco de continuo,
con un alma, viril… pero marchita,
que su riego divino
sobre todas las cosas necesita!
Enséñame, hermanita,
enséñame el camino…
Febrero, 24 de 1915.

Amado Nervo

LA GALERA SOMBRIA

 

Si deseas que pronto de tus mares se aleje
la galera sombría que te trae las penas,
ten paciencia y aguarda: la paciencia es el eje
moral y el gran secreto de las almas serenas.
La paciencia hizo el mundo, lo rige la paciencia;
el arte es una larga paciencia (¿y el amor?). . .
La santidad más alta, la más profunda ciencia,
de una maravillosa paciencia son la flor.
Sé paciente y aguarda que fulgure tu día.
¿Sabes tú si las perlas de la santa alegría
con que sueñas, anidan en las heces del vino?
Bebe, pues, todo el cáliz… No hay bonanza tardía,
ni existencia que acabe sin cumplir su destino.
Febrero, 14 de 1915

Amado Nervo

TODO YO

 

Todo yo soy un acto de fe.
Todo yo soy un fuego de amor.
En mi frente espaciosa lee,
mira bien en mis ojos de azor:
¡hallarás las dos letras de FE
y las cuatro radiantes, de AMOR!
Si vacilas, si deja un porqué
en tu boca su acerbo amargor,
¡ven a mí, yo convenzo, yo sé!
Mi vida es mi argumento mejor.
Todo yo soy un acto de FE.
Todo yo soy un fuego de AMOR.
 
Febrero, 9 de 1915.

Amado Nervo

EL DON

 

EL DON
¡Oh! vida, ¿me reservas por ventura algún don?
(Atardece. En la torre suena ya la oración.)
Oh! vida, ¿me reservas por ventura algún don?
 
Plañe en las ramas secas el viento lastimero;
se desangra el crepúsculo en un vivo reguero…
¡Oh! vida, ¡dime cuál será ese don postrero!
 
¿Será un amor muy grande tu regalo mejor?
(¡Unos ojos azules, unos labios en flor!)
¡Oh, qué dicha, qué dicha si fuese un gran amor!
 
¿O será una gran paz: esa que necesita
mi pobre alma, tras tanto peregrinar con cuita?
¡Sí, tal vez una paz…, una paz infinita!
 
…¿O más bien el enigma del camino en pos
se aclarará, encendiéndose como una estrella en los
hondos cielos, y entonces ¡por fin! hallaré a Dios?
 
¡Oh! vida, que devanas aún esta porción
de mis días obscuros: suena ya la oración;
cae la tarde… ¡apresúrate a traerme tu don!
Febrero, 2 de 1915.

Amado Nervo

¡RENOMBRE!

 

¡RENOMBRE!

¡Renombre, renombre! ¿qué quieres de mi?
¡Déjame en mi sombra, tu vuelo detén,
calla de tus trompas el son baladí…!
¡Si hicieses rüido se iría de aquí
Dios, único bien!
(Celoso es el numen, de veras celoso.
Muy más que el virtuoso,
que al interpretar
las obras sublimes de su repertorio,
impone silencio tal a su auditorio
que se ofende casi de su respirar…)
¡Renombre, renombre, vete! Muchos quieren
que halagues su oído;
muchos que se mueren
de hambre y sed de elogios… Olvídame a mi,
con un gran olvido:
como si jamás hubiera existido
…Y no hagas ruido
que estoy bien así.

Enero, 15 de 1915.

Amado Nervo