La Esquina de Giselda

Secreto

 

Tengo un hinconcito agujereado
trabado detrás de una costilla
Me rasga, me desespera
y agiganta las mieles  de mi agonía.
Quiero echarlo a volar
enrollarlo dentro de una botella
perderlo en la sal de un mar
de ciegos y astillados versos.
Quiero  convertirlo en lluvia
en hielo, en osamenta
pero su lumbre iracunda
me embiste con su animal de   floresta
y me ata a su caudal
a su métrica
sin  pensar en otras latitudes
en la vergüenza.
Me incumple con el ritual que exige mi alma
mi anatomía
trae de vuelta el  frío, pero  me quema
y se aleja con la piel de éstas manos medio muertas
dejándome  solo una imagen trastocada
que no logro adivinar en los rostros callejeros.
Me hundo, me pierdo
en los  matices que  ya no veo
y tonta o casi  triste  quedo,
quizás insolucionable
como si el último  mendrugo de paz
se hallara
en la luz de su puerto.

Erika Corona

La Esquina de Giselda

NOSTALGIA
Increible…
hoy como cada día
me sigues escalando por dentro
creando cosas desde el barro…
Eres la dama azul de los kilómetros
la que me muele las esquinas a martillazos
sin tanta soberbia
y entonces…
a veces visito a mis oráculos…
mis sacerdote, los padrinos, las leyendas
inventándote crucigramas
para que al final de cada día
empieces nuevamente a estrenarte en cada noche.
Tú, y lo sabes, no eres letra ni mujer,
ni viva, ni muerta
simplemente estás soportando todo el aire de las fabricas,
consolando los adioses que no te nombran,
inventando apariciones y sonrisas…
Yo veo atentamente lo que gastas,
veo cómo se rompen todos los silencios
cuando al final de la historia que nunca comienza
puedo decir tu nombre ……o gritarlo
!!!!!GISELDA……..!!!!!!

Erika Corona

La Esquina de Giselda

NO ME ROMPAS LOS SUSPIROS

Mira como te vuelves imberbe
dueño de la frescura y  el ánimo
justo cuando nacen las libélulas
que curan los  estrógenos enfermos de soledad.
No sé como te empeñas en provocar lo tierno
lo  nunca mortal.
Lo haces para matar el hechizo
estropear la pócima de la seducción.
Qué buscas?:  Destruir de una vez los desencuentros?
Ahora nada puede arremeter contra tanta furia
Nada puede contra el canto de los soñadores
y esta amante concertista tiene un sueño que fustiga hondo.
que no teme hartarse de  envenados suspiros.
Cómo te atreves a evitar que muera de amor?
A romper mi loco andar
el desosiego
la agonía de la plática.
Dejame vivir en el delirio y la desazón
Deja que ese ángel venga a  pintarme sus endiabladas poses.
Quiero olvidar tu hombro cotidiano
y el arte del buen vivir.
Necesito la locura!
Dejame ya!
Aunque me hunda hasta el último verso de mi existencia.
ESA MUJER NO SABE  DE  EROS
Mira esa mujer como va ricamente enyugada.
anda  como una colegiala paralela a su marido
toma su mano en arrumacos de calor
y un beso estalla y vuela tibio
entre las lloviznas de la tarde.
Mira como marcha altiva protegida por la compostura
por el tedio de las duralginas
en el marco puntual de un sexo
horneado en una fábrica
de prohibidos movimientos.
Mira como va a resolver la cotidianeidad
o el pasaje cotidiano de la vida.
Va en busca de un regio corazón y su corazonada
que la espera cada tarde para morder la monotonía.
Mientras,
yo me escurro entren las soledades hacia un cuarto de pendencieras  flores colgantes
y balcón al olvido
rabiando por una cuerda locura que gime por el amor.
en busca de nada y algo…
Mientras,
yo administro las penas y los orgasmos
sin miedos a la risa turca de un vendedor.
bifurco los gestos y me empalago de impúdica miel.
Mientras yo voy paralela al escándalo
sin miedo a ese magro perfume de vecinas tan solas como yo.
Mientras,
voy ganando voluntades
y escribo el poema obsceno
de la rara agonía de la flor.

Erika Corona

La Esquina de Giselda

QUE MAS QUE TU AMOR
Qué más que tu amor
para inventar mi universo?
Qué cosas podré hacer
lejos del  toque frugal de tus dedos
de tu comportura,  tu aliento?

 

No hay nada más nutrido y balsámico para nuestras heridas
Cómo renunciar a tanta sal
a tanto suspiro ….?
Un solo instante entre tus pálpitos
resurge en mis venas el fuego.
No hay estrellas ni luz que  iluminen mejor mi lamento.
Eres tú quien necesita mi lecho
Y yo  como simple mortal quiero apagar  tus silencios.
Cómo olvidar el reflejo del cálido mar que pauta  nuestro concierto?
Un verso, una ola, una queja, un beso
Por qué  la pregunta, el miedo?
Si dentro de ti eres mi reina
que rompe  la balanza  de los años que sé,  no se están quietos
y echa abajo convencionalismos
y todos los malos recuerdos.

 

No puedes dejar que parta la locura.
La misma que nos sirvió de alimento
a nuestros mejores sueños que hoy pueden quedarse huérfanos
Creeme
No te puedo dejar escapar
Aunque se imponga
el ojo critico de la  sociedad,
su ridículo patrón…
el tiempo.

 

Nada es igual sin tus ratos
sin esta lluvia salada y azul
que es la misma tuya
aunque digas: ya no más, lo siento.
Creeme
nos comerá esa muda soledad
que llega arrasando en medio de una jungla de cristal.
Tus manos son dos palomas tibias sobre mi invierno
Mis labios viajan hacia tus párpados cuajados de dudas y  requiebros.
Entonces…
Cómo inventarme una historia lejos de tu ornamento!
Qué hago con estos versos?
(Los mismos que un día encontré en un lupanar de  olvidos)
cuando al final acepte tu rumbo
y yo deba seguir mi camino.
Erika Corona

La Esquina de Giselda

El amor no está en el otro, está dentro de nosotros mísmos; nosotros lo despertamos. Pero para que despierte necesitamos del otro.”
Paulo Coelho
Para Antonio L Pons León
Por la golparada de aire fresco y otras maravilllas…
TAMBIEN INEXPLICABLEMENTE
Me faltaba hablar con tu voz  y pensar con  tu cerebro
(tan florecido de angustias y retoñadas glorias.)
Ya era hora de construir el poema del deseo
y latir en tú corazón como un giro lunático de  las mareas.
Quiero arrancarme los labios y entregarlos a tu boca
para que  sueñen  las analogías
con este trastocado mundo interior.
Sólo busco el latido catártico que provoque el acierto.
Saberte más  que el dulce canturreo
erótico de un fauno.
También, inexplicablemente,
necesitaba esta fuerza
el  añorado desorden pasional.
Su concesión desde un inicio hubiera sido un hartazgo.
No es un cambio de rumbos;
sólo eras tú, que me faltabas
y has venido ha desestabilizar las piezas de la mediocridad
a imponer algo inconjurado como el verdadero amor.
Tal vez seas el accésit a la vedada locura.
Este será el preciso momento de la desambiguación?
Alguien dice que es la macabra respuesta
al grito de dos corazones atormentados.
Creo que puede ser mucho más que una resurrección poética.
Erika Corona

La Esquina de Giselda

Mi Amiga siempre brindando excelencia.

Rechazo

Entre tantas siluetas, la tuya
no sé por qué
me harta con su  tozudez
me traga su  gracilidad
y el mundo se vuelca sobre mis años,
sobre el hilo mágico de lo continuo de fina daga
lo inexplicable del porqué fue
y lo indefinido de la misma drástica respuesta.
La explicación es témpano de algo más que frialdad.
El nunca jamás esquivo
de escribir un verso se amor.
Mirenme aquí vagando entre las amadas poses
como entre cuerdas
en una acordeón de espumas
o en uno solo de tus gestos.
Me atropella el sabor de la viscosidad
la dureza de lo flexible
del arma  tierna.
Se me atraganta la sal
la nervadura perfecta;
pero no sé por qué
escupes una sepultura de  lamentos
corroída de insomnios
que añora otro ser
a través de la  perversidad de tu rostro
cuajado de hermosas palabras sin color.
No entiendo la obstinación
si todo es silencio
como hojas meditabundas
Erika Corona

La Esquina de Giselda

ENTRE HOJAS MUERTAS
Ahí, entre las hojas truncas
debajo de la hierba recién sesgada ,
un insecto huye de los dedos.
De quien  huye el segador?
Tiene un miedo astronómico
como deudas impagables.
Teme a otro segador?
Huye también de la cerbatana con veneno,
del tormento  y la incertidumbre,
y de posibles fieras.
El insecto  sólo lucha inocentemente
por la vida.
En segador pretende decapitar
hasta su propia sombra.
Cuantas cabezas arrancaron las abejas asesinas?
Y son pocas ante las briznas mudas de horror
tras el paso de un hombre con guadaña.
Cuantos  cuerpos dejaron mutilados los tiburones sangrientos?
Sin embargo duelen menos
que una orden de ejecución.
Cuanto camino arrasó una columna de poderosas hormigas?
Pero es poca ante  la sangre derramada de los sueños,
 la complicacion humana,
o las alas rotas del ruiseñor.
A donde van los segadores
rompiéndose el alma,
martirizando sus vidas,
trocando el breve minuto del placer?
Que dios nos ayude; no se pueden arreglar
el miedo,  el odio,  el desamor.
Ante las tristes noticias
la mañana cobra un tinte de otoño
 y el insecto minutero sonríe para morir,
complacido de su breve trayecto.
Erika Corona

 

 

 

La Esquina de Giselda

IMPRECACIÓN DE LA MADERA
Ante un árbol caído imagino los gritos.
Todavía dibujo en los oídos
el largo gemido como un estertor.
En la calle quedó la savia sanguinolenta de las heridas.
Nadie la probó,
nadie se inquietó ante los regios machetazos
del doble error.
Otro gemido de antaño
protesta ante la claridad desnuda.
y un manojo de lamentos y desaprobación
se asoma ante la mañana de grandes luces.
Los crujidos queman almas
Cien mil voces centenarias
se bifurcan con ansiedad.
El canto del árbol
trae el silencio de un buey empalado.
La caída sepulta las historias vivas
o muertas.
¿Por qué la moto sierra no oyó los bramidos?
¿Alguien  los oyó?
Centenares de pájaros anidarán en el eco de la soledad
y nos contentaremos con apreciar la hermosa
y fría arquitectura,
hasta que un día  los ingenuos brotes
también nos amen.
Erika Corona

Íntima

Este es un pequeño poema pero que dice mucho, Juana Borrero era una persona con mucho potencial para las artes, con una voluntad de acero a pesar de estar enferma su carácter no menguo, siguió apasionada como siempre.

 

¿Quieres sondear la noche de mi espíritu?
Allá en el fondo oscuro de mi alma
hay un lugar donde jamás penetra
la clara luz del sol de la esperanza.
¡Pero no me preguntes lo que duerme
bajo el sudario de la sombra muda…
detente allí junto al abismo, y llora
como se llora al borde de las tumbas!
Juana Borrero

 

Julián del Casal

NEUROSIS

 

Noemí, la pálida pecadora
de los cabellos color de aurora
y las pupilas de verde mar,
entre cojines de raso lila,
con el espíritu de Dalila,
deshoja el cáliz de un azahar.

 

Arde a sus plantas la chimenea
donde la leña chisporrotea
lanzando en torno seco rumor
y alza tiene su tapa el piano
en que vagaba su blanca mano
cual mariposa de flor en flor.

 

Un biombo rojo de seda china
abra sus hojas en una esquina
con grullas de oro volando en cruz,
y en curva mesa de fina laca
ardiente lámpara se destaca
de la que surge rosada luz.

 

Blanco abanico y azul sombrilla,
con unos guantes del canapé,
mientras en taza de porcelana,
hecha con tintes de la mañana,
humea el alma verde del té.

 

¿Pero qué piensa la hermosa dama?
¿Es que su príncipe ya no la ama
como en los días de amor feliz,
o que en los cofres del gabinete,
ya no conserva ningún billete
de los que obtuvo por un desliz?