José Angel Buesa

 

Entre la muchedumbre que ríe y se divierte
por las iluminadas calles de la ciudad,
me llega tu recuerdo con un sabor de muerte,
mujer de mi tristeza y mi felicidad;
y así esta noche alegre tengo los ojos tristes,
tristes de la tristeza de ir contigo y sin ti,
mujer que existes y no existes,
mujer que nunca tuve, pero que ya perdí.
Voy andando en la noche, desterrado del mundo,
y de pronto, surgiendo de entre la multitud
me sale al paso un perro vagabundo,
desorientado y triste como mi juventud.
En sus húmedos  ojos se duplica mi ensueño,
y los dos nos miramos con un mismo dolor:
él, un perro sin dueño;
yo, un hombre sin amor.
José Angel Buesa

Poema Autorretrato

Nací en Cuba. El sendero de la vida
Firme atravieso, con ligero paso,
Sin que encorve mi espalda vigorosa
La carga abrumadora de los años.

Al pasar por las verdes alamedas,
Cogido tiernamente de la mano,
Mientras cortaba las fragantes flores
O bebía la lumbre de los astros,

Vi la Muerte, cual pérfido bandido,
Abalanzarse rauda ante mi paso
Y herir a mis amantes compañeros,
Dejándome, en el mundo, solitario.

¡Cuán difícil me fue marchar sin guía!
¡Cuántos escollos ante mí se alzaron!
¡Cuán ásperas hallé todas las cuestas!
Y ¡cuán lóbregos todos los espacios!

¡Cuántas veces la estrella matutina
Alumbró, con fulgores argentados,
La huella ensangrentada que mi planta
Iba dejando, en los desiertos campos,

Recorridos en noches tormentosas,
Entre el fragor horrísono del rayo,
Bajo las gotas frías de la lluvia
Y a la luz funeral de los relámpagos!

Mi juventud, herida ya de muerte,
Empieza a agonizar entre mis brazos,
Sin que la puedan reanimar mis besos,
Sin que la puedan consolar mis cantos.

Y al ver, en su semblante cadavérico,
De sus pupilas el fulgor opaco
–Igual al de un espejo en bruñido–,
Siento que el corazón sube a mis labios,
Cual si en mi pecho la rodilla hincara
Joven titán de miembros acerados.

Para olvidar entonces las tristezas
Que, como nube de voraces pájaros
Al fruto de oro entre las verdes ramas,
Dejan mi corazón despedazado,
Refúgiome del Arte en los misterios
O de la hermosa Aspasia entre los brazos.

Guardo siempre, en el fondo de mi alma,
Cual hostia blanca en cáliz cincelado,
La purísima fe de mis mayores,
Que por ella, en los tiempos legendarios,
Subieron a la pira del martirio,
Con su firmeza heroica de cristianos,
La esperanza del cielo en las miradas
Y el perdón generoso entre los labios.

Mi espíritu, voluble y enfermizo,
Lleno de la nostalgia del pasado,
Ora ansía el rumor de las batallas,
Ora la paz de silencioso claustro,
Hasta que pueda despojarse un día
–Como un mendigo del postrer andrajo–,
Del pesar que dejaron en su seno
Los difuntos ensueños abortados.

Indiferente a todo lo visible,
Ni el mal me atrae, ni ante el bien me extasío,
Como si dentro de mi ser llevara
El cadáver de un Dios, ¡de mi entusiasmo!

Libre de abrumadoras ambiciones,
Soporto de la vida el rudo fardo,
Porque me alienta el formidable orgullo
De vivir, ni envidioso ni envidiado,
Persiguiendo fantásticas visiones,
Mientras se arrastran otros por el fango
Para extraer un átomo de oro
Del fondo pestilente de un pantano.

Julián del Casal

LA TARDE

LA TARDE
Camino entre todos y entre nadie
Es tan tonto mi intento de olvidarte
Si aún grito tu nombre en silencio, como un cobarde
No me queda más que acostumbrarme
A la soledad.
Miro el atardecer en mi ventana
¿Recuerdas cuando lo veíamos juntos?
Abrazados y sin temor a nada
Solo quedan recuerdos grises
Mientras observo como cae la noche estrellada.

Daniel Eduardo Sánchez Barrgan

José Ángel Buesa

 

Arte poética

 

Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que más vive, siempre es la más vivida.
Un mal verso supera la más perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.
Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.
Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.
Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
Y sobre todo, en arte y vida, se diverso,
pues solo así tu mente revivirá en tu verso.

Feliciano me adora y le aborrezco

 

Feliciano me adora y le aborrezco
de
Sor Juana Inés de la Cruz

Feliciano me adora y le aborrezco;
Lizardo me aborrece y yo le adoro;
Por quien no me apetece ingrato, lloro,
Y al que me llora tierno, no apetezco.

A quien más me desdora, el alma ofrezco;
A quien me ofrece víctimas, desdoro;
Desprecio al que enriquece mi decoro,
Y al que le hace desprecios enriquezco.

Si con mi ofensa al uno reconvengo;
Me reconviene el otro a mí ofendido;
Y a padecer de todos modos vengo;

Pues ambos atormentan mi sentido:
Aquéste con pedir lo que no tengo;
Y aquél con no tener lo que le pido.

 

 

Nicolás Guillén Batista

Nicolás Guillén Batista (Camagüey, 10 de julio de 1902 – La Habana, 17 de julio de 1989). Periodista, poeta y político cubano, considerado por su obra como Poeta
Su poesía está considerada como la más plena expresión de las más legítimas y revolucionarias aspiraciones populares en el período histórico en que se produce. Introdujo el tema negro en la poesía en lengua española. Su obra ha sido traducida a muchos idiomas y ha merecido comentarios elogiosos y estudios de destacadas personalidades de las letras contemporáneas porque ha sabido interpretar a plenitud el espíritu de lucha de los seres humanos, y su esperanza de conquistar una sociedad mejor. Entre sus títulos literarios más destacados se encuentran: Motivos de son, Elegía a Jesús Menéndez, Sóngoro cosongo, El son entero. Por su obra obtuvo el Premio Viareggio y el Premio Nacional de Literatura 1983.
                A VECES…
A veces tengo ganas de ser un cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser un niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor rompiéndome el pecho,
una flor, y decir: Esta flor,
para usted.
Nicolás Guillén

Julián del Casal

Foto tomada de Ecured
Nació el 7 de noviembre de 1863 en La Habana, hijo de Julián del Casal y Ugareda, natural de Vizcaya, y María del Carmen de la Lastra y Owens, natural de Artemisa. Fue bautizado el 23 de diciembre en la Iglesia del Ángel. Pasó su niñez en La Habana, en la casa de la calle Cuba No. 4. En 1868 falleció su madre. Cursó estudios en el Real Colegio de Belén, donde ingresó en 1870 donde pronto mostró su vocación rebelde y de escritor. En 1879 se graduó de bachiller. Publicó su primer poema conocido en un semanario de arte, ciencia y literatura llamado El Ensayo, en el número editado el 13 de febrero de 1881. Ese mismo año empieza a trabajar en el Ministerio de Hacienda como escribante; inicia también sus primeras publicaciones e ingresa en la Universidad de la Habana para seguir estudios de derecho que luego abandona, en los años que siguen comienza a colaborar, aunque de modo irregular,con diferentes órganos de prensa. en publicaciones prestigiosas como en La Habana Elegante, El Fígaro, La Habana Literaria. Fundó con varios compañeros el periódico clandestino y manuscrito El Estudio, en el que publicó sus primeros versos.
En 1885 queda huérfano tras la muerte de su padre, ya que su madre había fallecido cuando solo tenía cinco años. En ese mismo año comienza su colaboración con la publicación La Habana Elegante en el número correspondiente al 19 de abril. Durante una visita al Nuevo Liceo, gracias a su amistad con Nicolás Azcárate, conoció a Ramón Meza y se puso en contacto con los principales autores extranjeros del momento. El 25 de marzo de 1888 comienza a publicar en “La Habana Elegante” los artículos sobre «La sociedad de La Habana», bajo el seudónimo de Conde de Camors. y poco después regresó a La Habana en precaria situación económica. Comenzó a trabajar en La Discusión como corrector de pruebas y periodista. Por esos días estrechó relaciones con la familia Borrero, especialmente con Juana Borrero, también poetisa, con la cual tendría una especial relación de amistad.
En noviembre de 1888 emprendió un viaje a Europa con la pretensión de visitar París. Estuvo en Madrid, donde trabó amistad con Salvador Rueda y con Francisco Asís de Icaza y finalmente regresó a Cuba en precaria situación económica. Ya en el país Aniceto Valdivia lo puso en contacto con la literatura francesa finisecular, que tanta influencia tuvo en su obra.
Publicó en La Habana Elegante su primer trabajo en prosa sobre el poeta Manuel Reina y en 1890 su primer volumen de poemas con el título de Hojas al viento. En 1892 apareció el segundo: Nieve.
En 1891 había llegado Rubén Darío a La Habana, con quien Casal entabló amistad. El primero le dedicó a éste El clavicordio de la abuela; Casal, por su parte, había conseguido ese mismo año que en La Caricatura apareciera el poema de Darío La negra Dominga; también publicó en La Habana Elegante un artículo sobre su amigo el 5 de enero de 1893.
El 21 de octubre de ese mismo año dejó en la redacción una parte de las pruebas corregidas de su libro Bustos y Rimas, así como un suelto sobre el libro de Lola Rodríguez Tió, titulado Mi libro de Cuba.
En 1891 publica su segundo libro: “Nieve” y conoce al poeta nicaragüense Rubén Darío quien se encontraba de visita en La Habana y con quien forja una gran amistad. Sobre la impresión causada en Casal tras conocer a Darío fue narra Raoul Cay, redactor de El Fígaro, quien asistió al banquete de bienvenida ofrecido a Darío:
Casal apenas almorzó, la admiración que siente por Rubén y el regocijo de tenerlo cerca, quitaron el apetito al sombrío poeta de Nieve.
En vida nunca pasó de ser un modesto escribiente de la Intendencia General de Hacienda, puesto este que perdió al publicar un artículo alusivo al Capitán General, y un talentoso redactor de prensa y colaborador de revistas culturales.
Fue redactor del semanario La Familia Cristiana (1891-1892). Colaboró en La Habana Elegante, donde publicó una serie de artículos titulada «La sociedad de la Habana» (el primero de ellos, sobre el Capitán General Sabás Marín y su familia, le costó su puesto en la Intendencia General de Hacienda), El Fígaro, La Habana Literaria, El Hogar, El País, La Caricatura, Diario de la Familia, Ecos de las Damas, La Lucha, El Pueblo, El Triunfo, La Unión Constitucional.
El 21 de octubre de 1893 acude, en horas de la tarde, a la redacción de La Habana Elegante. Escribe un suelto que titula «Mi libro de Cuba» y que trata del texto de Lola Rodríguez de Tió. Luego acude a cenar a casa del Dr. Lucas de los Santos Lamadrid en Prado 111. De sobremesa, cuando uno de los presentes hace un chiste, Casal lanza una carcajada; le sobreviene una hemorragia y muere de la rotura de un aneurisma. Días antes, en una carta a su amigo Rubén Darío, había confesado que presentía el advenimiento de su muerte:
Si ha caído en tus manos, por casualidad, algún periódico cubano de estos últimos tiempos, te habrás enterado de que me encuentro muy enfermo, tan enfermo que, desde julio a la fecha, he recibido dos veces los santos sacramentos.
Ahora estoy mejor, pero sin esperanzas de curación, porque ningún médico conoce mi enfermedad. Todos aseguran (me han visto los mejores de aquí, donde los hay muy buenos) que es un mal oscuro y misterioso, desconocido por ellos… Te escribo estos renglones para demostrarte que, aun al borde de la tumba, a donde pronto me iré a dormir, te quiero y te admiro cada día más. Yo he sabido de ti por Gómez Carrillo, que me anunció tu llegada a París y tu marcha a Buenos Aires. Dentro de poco, quizás antes de que me muera, podré leer el libro que debes estar imprimiendo a estas horas. La Habana Elegante me está editando uno, pero que no tiene ningún valor. Yo te lo mandaré, o te lo mandarán.
Fragmento de la carta de Julián del Casal a Ruben Darío, 7 de febrero de 1893.
Muerte
Falleció a los 29 años de edad, encontrándose en una cena en casa de Don Lucas de los Santos Lamadrid, una famila amiga, cuando uno de los presentes, realizó un chiste y un ataque de risa le provoca la mortal rotura de un aneurisma.

Fuente : https://www.ecured.cu/Juli%C3%A1n_del_Casal

 

Amado Nervo

Ese autor es uno de mis preferidos, por la forma tan peculiar que tiene de decir.

 

Resolución

 

Alma, tienes por fuerza que alcanzar en la vida
el Ideal sublime que a seguir te convida
por entre breñas ásperas.
Alma, en vano recelas
del Dolor: mis propósitos son como dos espuelas
que te harán sangre… Fuerza será, cuando te pares,
que sientas, despiadada, clavarse en tus ijares
mi voluntad de acero; fuerza será subir…
¡Contempla allá, muy lejos, la cima de zafir,
adonde has de llegar antes que la jornada
termine!
¡Alma, no esperes de mí piedad ni nada
que no sea espolazo, aguijón y castigo!
…Hoy has de sonreír al cruel enemigo
que ayer te hincó su dardo. . .
Bien sé que anhelarías
quebrantar su soberbia; que sin duda podrías
hundir su obscura frente en la tierra que pisa;
mas sólo habrás de darle la flor de tu sonrisa,
y por cada punzante, por cada dolorosa
espina que te clave, ¡devolverle una rosa!
Abril, 18 de 1914.

La Esquina de Giselda

A Raúl Corrales Lopez
Por todo el amor y el tiempo.
DE REGRESO  A LAS ANDADAS
Quiero algo más atronador
que un suspiro en el  siglo 19.
la espuma de  los 7  insólitos mares dulces
y un lingote de  un material  más romántico que la llovizna.
Quiero tus guiños, tus promesas
tu cúpula de hormigón
en mi blandura
tu miel y  tu escorpión.
Quiero vagar en tu  brío
compungida en tu silencio
lacerada con tu aliento
con la intrepidez de un verbo entre mis manos
y esa  boca que pretendo devorar.
Quiero tu voz
y tu estrecha cintura gusaneando sobre mí
Quiero tu ritmo,  tu aceleración
y esa  fiebre repentina
que un día me llenó de insomnios.
Quiero de nuevo el sabor
de sonreirle a todos
confiada que la vida es bella.
Mirar a través del  cosquilleante prisma multicolor
volver a darle las buenas nuevas al amor.
Será mucho pedir?
Ven, quiero vivir otra vez;
a nadie se le niega la vida.
Erika Corona

 

La Esquina de Giselda

Es poema especialmente cala muy hondo y demuestra la sensibilidad de su creadora.

MENDIGOS
Un hombre cara de mendigo me aborda;
quiere un peso.
Un simple peso dorado o negruzco
común y corriente como un girasol
o una hoja de laurel.
Quiere la misma moneda que llevo
a comprar mi pan.
Pan y mendigo  tienen algo en común
Calle, gente, obstinación,
y un hombre echado en la acera
me recuerda  a mí.
Quiere una estufa para el corazón,
Tal vez un pedazo de sueño,  un meteorito.
Alguien podría darle una lluvia de margaritas?
mucha gente  no ofrece nada
ni siquiera una duda
Pero el hombre mira con ojos bucólicos
Salidos del fondo de su olvido
en busca de mi  soledad
Quiere las añejas canas de mis bolsillos
La claraboya sin luz
Mi espejo roto
Mis espermas escondidos
Quiere tragarse ese universo de cosas raras
que un día  llamé poesía
El hombre exige de un modo bestial
lo que le pertenece
Me apunta como si fuera el único ser
Que deambula por la calle
en el  diario trafico de vidas
espanto de monotonías.
Titubeante alarga una mano como de insomnios,
mi  bolsa  y mi alma echan a volar
Sonrío.
Con lentitud deja la  acera  y anda
Detrás nace  una estela de luz que comienza a crecer
Irremediablemente.
Erika Corona