La Esquina de Giselda

IMPRECACIÓN DE LA MADERA
Ante un árbol caído imagino los gritos.
Todavía dibujo en los oídos
el largo gemido como un estertor.
En la calle quedó la savia sanguinolenta de las heridas.
Nadie la probó,
nadie se inquietó ante los regios machetazos
del doble error.
Otro gemido de antaño
protesta ante la claridad desnuda.
y un manojo de lamentos y desaprobación
se asoma ante la mañana de grandes luces.
Los crujidos queman almas
Cien mil voces centenarias
se bifurcan con ansiedad.
El canto del árbol
trae el silencio de un buey empalado.
La caída sepulta las historias vivas
o muertas.
¿Por qué la moto sierra no oyó los bramidos?
¿Alguien  los oyó?
Centenares de pájaros anidarán en el eco de la soledad
y nos contentaremos con apreciar la hermosa
y fría arquitectura,
hasta que un día  los ingenuos brotes
también nos amen.
Erika Corona

Epistolario

Juana Borrero
Para mi querido ingrato
Carlos, ángel mío: esta mañana muy temprano me levanté y salí de mi cuarto, contraviniendo órdenes superiores porque has de saber que estoy bastante delicada de salud en estos días y me han ordenado que esté recogida.
Pero se trataba de esperar carta tuya, y ¿qué recomendación podría impedirme esperarla? Oye: yo no quiero culparte… no lo hago, porque el reproche, indica por sí solo falta de afecto o por lo menos olvido voluntario de promesas sagradas, y yo no quiero creer que tu conducta conmigo obedece a causas voluntarias de parte tuya sino a circunstancias contra las cuales no pudieras tú hacer nada.
Conste pues que te disculpo y que te absuelvo… Sería demasiado doloroso para mí ver mi cielo nublarse al despuntar la aurora… Tú sabes que yo soy muy sensible.. Cualquier lastimadura me duele como una herida… y mi triple decepción de estos días me ha dolido mucho, mucho!
No es por otra parte un sentimiento egoísta el que anima estas palabras… ¡No! El deseo de saber de ti, la ansiedad de ver letra tuya, y la tristeza de verme lejos de ti alma mía, son los sentimientos que hacen brotar la queja de mis labios y llenar de desconsuelo mi pobre corazón que tanto te ama! ¡Perdóname!
¡Estoy tan triste en estos días! Con qué ansiedad esperaba tu carta! ¡Ay amor mío! ¿Sabes tú lo que es amar y no saber si se es amado? ¡No lo sabes? Pues entonces no te explicas mi tormento… Anhelo oírte disculpar tu olvido. La primera disculpa la creeré porque no quiero dudar de ti cuando empezaba a creerte sincero… Pero te suplico que seas compasivo… yo quiero ser humilde contigo porque la soberbia a nada conduce en estos casos… Así te suplico me perdones la carta de esta mañana y procures serme fiel. Cada olvido de tu parte es una tristeza nueva en mi pobre alma! Adiós bien mío! Ten piedad de mí!…
Ámame, ámame! Yvone.

Íntima

Este es un pequeño poema pero que dice mucho, Juana Borrero era una persona con mucho potencial para las artes, con una voluntad de acero a pesar de estar enferma su carácter no menguo, siguió apasionada como siempre.

 

¿Quieres sondear la noche de mi espíritu?
Allá en el fondo oscuro de mi alma
hay un lugar donde jamás penetra
la clara luz del sol de la esperanza.
¡Pero no me preguntes lo que duerme
bajo el sudario de la sombra muda…
detente allí junto al abismo, y llora
como se llora al borde de las tumbas!
Juana Borrero

 

Julián del Casal

NEUROSIS

 

Noemí, la pálida pecadora
de los cabellos color de aurora
y las pupilas de verde mar,
entre cojines de raso lila,
con el espíritu de Dalila,
deshoja el cáliz de un azahar.

 

Arde a sus plantas la chimenea
donde la leña chisporrotea
lanzando en torno seco rumor
y alza tiene su tapa el piano
en que vagaba su blanca mano
cual mariposa de flor en flor.

 

Un biombo rojo de seda china
abra sus hojas en una esquina
con grullas de oro volando en cruz,
y en curva mesa de fina laca
ardiente lámpara se destaca
de la que surge rosada luz.

 

Blanco abanico y azul sombrilla,
con unos guantes del canapé,
mientras en taza de porcelana,
hecha con tintes de la mañana,
humea el alma verde del té.

 

¿Pero qué piensa la hermosa dama?
¿Es que su príncipe ya no la ama
como en los días de amor feliz,
o que en los cofres del gabinete,
ya no conserva ningún billete
de los que obtuvo por un desliz?

Julián del Casal

Foto tomada de Ecured
Nació el 7 de noviembre de 1863 en La Habana, hijo de Julián del Casal y Ugareda, natural de Vizcaya, y María del Carmen de la Lastra y Owens, natural de Artemisa. Fue bautizado el 23 de diciembre en la Iglesia del Ángel. Pasó su niñez en La Habana, en la casa de la calle Cuba No. 4. En 1868 falleció su madre. Cursó estudios en el Real Colegio de Belén, donde ingresó en 1870 donde pronto mostró su vocación rebelde y de escritor. En 1879 se graduó de bachiller. Publicó su primer poema conocido en un semanario de arte, ciencia y literatura llamado El Ensayo, en el número editado el 13 de febrero de 1881. Ese mismo año empieza a trabajar en el Ministerio de Hacienda como escribante; inicia también sus primeras publicaciones e ingresa en la Universidad de la Habana para seguir estudios de derecho que luego abandona, en los años que siguen comienza a colaborar, aunque de modo irregular,con diferentes órganos de prensa. en publicaciones prestigiosas como en La Habana Elegante, El Fígaro, La Habana Literaria. Fundó con varios compañeros el periódico clandestino y manuscrito El Estudio, en el que publicó sus primeros versos.
En 1885 queda huérfano tras la muerte de su padre, ya que su madre había fallecido cuando solo tenía cinco años. En ese mismo año comienza su colaboración con la publicación La Habana Elegante en el número correspondiente al 19 de abril. Durante una visita al Nuevo Liceo, gracias a su amistad con Nicolás Azcárate, conoció a Ramón Meza y se puso en contacto con los principales autores extranjeros del momento. El 25 de marzo de 1888 comienza a publicar en “La Habana Elegante” los artículos sobre «La sociedad de La Habana», bajo el seudónimo de Conde de Camors. y poco después regresó a La Habana en precaria situación económica. Comenzó a trabajar en La Discusión como corrector de pruebas y periodista. Por esos días estrechó relaciones con la familia Borrero, especialmente con Juana Borrero, también poetisa, con la cual tendría una especial relación de amistad.
En noviembre de 1888 emprendió un viaje a Europa con la pretensión de visitar París. Estuvo en Madrid, donde trabó amistad con Salvador Rueda y con Francisco Asís de Icaza y finalmente regresó a Cuba en precaria situación económica. Ya en el país Aniceto Valdivia lo puso en contacto con la literatura francesa finisecular, que tanta influencia tuvo en su obra.
Publicó en La Habana Elegante su primer trabajo en prosa sobre el poeta Manuel Reina y en 1890 su primer volumen de poemas con el título de Hojas al viento. En 1892 apareció el segundo: Nieve.
En 1891 había llegado Rubén Darío a La Habana, con quien Casal entabló amistad. El primero le dedicó a éste El clavicordio de la abuela; Casal, por su parte, había conseguido ese mismo año que en La Caricatura apareciera el poema de Darío La negra Dominga; también publicó en La Habana Elegante un artículo sobre su amigo el 5 de enero de 1893.
El 21 de octubre de ese mismo año dejó en la redacción una parte de las pruebas corregidas de su libro Bustos y Rimas, así como un suelto sobre el libro de Lola Rodríguez Tió, titulado Mi libro de Cuba.
En 1891 publica su segundo libro: “Nieve” y conoce al poeta nicaragüense Rubén Darío quien se encontraba de visita en La Habana y con quien forja una gran amistad. Sobre la impresión causada en Casal tras conocer a Darío fue narra Raoul Cay, redactor de El Fígaro, quien asistió al banquete de bienvenida ofrecido a Darío:
Casal apenas almorzó, la admiración que siente por Rubén y el regocijo de tenerlo cerca, quitaron el apetito al sombrío poeta de Nieve.
En vida nunca pasó de ser un modesto escribiente de la Intendencia General de Hacienda, puesto este que perdió al publicar un artículo alusivo al Capitán General, y un talentoso redactor de prensa y colaborador de revistas culturales.
Fue redactor del semanario La Familia Cristiana (1891-1892). Colaboró en La Habana Elegante, donde publicó una serie de artículos titulada «La sociedad de la Habana» (el primero de ellos, sobre el Capitán General Sabás Marín y su familia, le costó su puesto en la Intendencia General de Hacienda), El Fígaro, La Habana Literaria, El Hogar, El País, La Caricatura, Diario de la Familia, Ecos de las Damas, La Lucha, El Pueblo, El Triunfo, La Unión Constitucional.
El 21 de octubre de 1893 acude, en horas de la tarde, a la redacción de La Habana Elegante. Escribe un suelto que titula «Mi libro de Cuba» y que trata del texto de Lola Rodríguez de Tió. Luego acude a cenar a casa del Dr. Lucas de los Santos Lamadrid en Prado 111. De sobremesa, cuando uno de los presentes hace un chiste, Casal lanza una carcajada; le sobreviene una hemorragia y muere de la rotura de un aneurisma. Días antes, en una carta a su amigo Rubén Darío, había confesado que presentía el advenimiento de su muerte:
Si ha caído en tus manos, por casualidad, algún periódico cubano de estos últimos tiempos, te habrás enterado de que me encuentro muy enfermo, tan enfermo que, desde julio a la fecha, he recibido dos veces los santos sacramentos.
Ahora estoy mejor, pero sin esperanzas de curación, porque ningún médico conoce mi enfermedad. Todos aseguran (me han visto los mejores de aquí, donde los hay muy buenos) que es un mal oscuro y misterioso, desconocido por ellos… Te escribo estos renglones para demostrarte que, aun al borde de la tumba, a donde pronto me iré a dormir, te quiero y te admiro cada día más. Yo he sabido de ti por Gómez Carrillo, que me anunció tu llegada a París y tu marcha a Buenos Aires. Dentro de poco, quizás antes de que me muera, podré leer el libro que debes estar imprimiendo a estas horas. La Habana Elegante me está editando uno, pero que no tiene ningún valor. Yo te lo mandaré, o te lo mandarán.
Fragmento de la carta de Julián del Casal a Ruben Darío, 7 de febrero de 1893.
Muerte
Falleció a los 29 años de edad, encontrándose en una cena en casa de Don Lucas de los Santos Lamadrid, una famila amiga, cuando uno de los presentes, realizó un chiste y un ataque de risa le provoca la mortal rotura de un aneurisma.

Fuente : https://www.ecured.cu/Juli%C3%A1n_del_Casal

 

Amado Nervo

Ese autor es uno de mis preferidos, por la forma tan peculiar que tiene de decir.

 

Resolución

 

Alma, tienes por fuerza que alcanzar en la vida
el Ideal sublime que a seguir te convida
por entre breñas ásperas.
Alma, en vano recelas
del Dolor: mis propósitos son como dos espuelas
que te harán sangre… Fuerza será, cuando te pares,
que sientas, despiadada, clavarse en tus ijares
mi voluntad de acero; fuerza será subir…
¡Contempla allá, muy lejos, la cima de zafir,
adonde has de llegar antes que la jornada
termine!
¡Alma, no esperes de mí piedad ni nada
que no sea espolazo, aguijón y castigo!
…Hoy has de sonreír al cruel enemigo
que ayer te hincó su dardo. . .
Bien sé que anhelarías
quebrantar su soberbia; que sin duda podrías
hundir su obscura frente en la tierra que pisa;
mas sólo habrás de darle la flor de tu sonrisa,
y por cada punzante, por cada dolorosa
espina que te clave, ¡devolverle una rosa!
Abril, 18 de 1914.

La Esquina de Giselda

A Raúl Corrales Lopez
Por todo el amor y el tiempo.
DE REGRESO  A LAS ANDADAS
Quiero algo más atronador
que un suspiro en el  siglo 19.
la espuma de  los 7  insólitos mares dulces
y un lingote de  un material  más romántico que la llovizna.
Quiero tus guiños, tus promesas
tu cúpula de hormigón
en mi blandura
tu miel y  tu escorpión.
Quiero vagar en tu  brío
compungida en tu silencio
lacerada con tu aliento
con la intrepidez de un verbo entre mis manos
y esa  boca que pretendo devorar.
Quiero tu voz
y tu estrecha cintura gusaneando sobre mí
Quiero tu ritmo,  tu aceleración
y esa  fiebre repentina
que un día me llenó de insomnios.
Quiero de nuevo el sabor
de sonreirle a todos
confiada que la vida es bella.
Mirar a través del  cosquilleante prisma multicolor
volver a darle las buenas nuevas al amor.
Será mucho pedir?
Ven, quiero vivir otra vez;
a nadie se le niega la vida.
Erika Corona

 

La Esquina de Giselda

Es poema especialmente cala muy hondo y demuestra la sensibilidad de su creadora.

MENDIGOS
Un hombre cara de mendigo me aborda;
quiere un peso.
Un simple peso dorado o negruzco
común y corriente como un girasol
o una hoja de laurel.
Quiere la misma moneda que llevo
a comprar mi pan.
Pan y mendigo  tienen algo en común
Calle, gente, obstinación,
y un hombre echado en la acera
me recuerda  a mí.
Quiere una estufa para el corazón,
Tal vez un pedazo de sueño,  un meteorito.
Alguien podría darle una lluvia de margaritas?
mucha gente  no ofrece nada
ni siquiera una duda
Pero el hombre mira con ojos bucólicos
Salidos del fondo de su olvido
en busca de mi  soledad
Quiere las añejas canas de mis bolsillos
La claraboya sin luz
Mi espejo roto
Mis espermas escondidos
Quiere tragarse ese universo de cosas raras
que un día  llamé poesía
El hombre exige de un modo bestial
lo que le pertenece
Me apunta como si fuera el único ser
Que deambula por la calle
en el  diario trafico de vidas
espanto de monotonías.
Titubeante alarga una mano como de insomnios,
mi  bolsa  y mi alma echan a volar
Sonrío.
Con lentitud deja la  acera  y anda
Detrás nace  una estela de luz que comienza a crecer
Irremediablemente.
Erika Corona

 

La Esquina de Giselda

Poemas de la Pluma de una amiga muy querida:

 

Como una casa que existe     despierto entre misceláneas    6am…

Leandro Baez

 

LA MISMA CASA
Esa casa tuya es la mía
es la de todos
la de un siglo atrás
la de siempre.
Tiene unas canas legendarias que no hacen más que tachar  un número
en el calendario de la muerte
Esa casa es la mía?  Ya ni sé
o lo sé con tanta seguridad que no  quisiera saberlo.
6.am Parese reírse esta combinación estrambótica
Alguien pregunta si llegó el tiempo de morir.
Cuando llegará?
Un poeta aseguró que todo es tiempo de amar.
Alguien quiere desayunar?
Dejalo para cuando nazcan las margaritas
La hora es una constante en la memoria.
Abuela, tiene miedo del reloj?
El tiempo de la muerte no me aterra,
viene fragante en fino papel.
Los kilómetros se esparsen dentro de esta casa.
Ya visitaste Colombia, Perú?
La abuela anda bajo la lluvia tierna de París.
Fue y volvió entre los paseos de la sala al comedor
Mejor dicho, de la cocina a la cocina. Buenos días, buenas tardes
buenos amor
buen infierno tenga señor.
Hay algún mensaje de otro ser
patológicamente solo?
Otro solitario más que amenaza con partir el mundo?
Solo poemas inconclusos de hechizados por la soledad  como ilusas pitonisas
y de esa indescifrable mujer
tonta como gaviota sin mar,
sin remos, ni cruz.
perdida entre versos sinuosos.
Murió un hombre? Murió.
Nació muerto con la plomada del egoísmo en el esternón.
A diario llevo un hombre muerto en mis ovarios.
Lo cargo sin cruz y con las aspirinas del olvido.
Dónde está tu hombre muerto, tu mujer, tu vieja, tu gey?
Tu perro, tu niño?
Todos tienen la misma máscara de un color igualitario.
Buenos días, buenas tardes
Las vecinas se empeñan en saludar la hipocresía.
Goog night buen infierno!
Morning buen amor!
Cuándo nos regalaras una lluvia de margaritas?
La adorada llovizna de Jamis?
Las casas de las vecinas buscan un organo vital latente
una oscura o blanca deidad.
Todas tienen su gusano en el arroz
y un ratón el la cocina.
El medio día hinca con su corazón al rojo vivo.
Nació otra estrella. Nació?
Cobrando la prensa! Noooo!
Esta hora es para cobrar imágenes diáfanas
melodías poéticas…
6pm: Lezama dónde éstas? Quiero tu silencio crepuscular.
Cayó otra estrella.
Las estrellas y sus inventos
ni se imaginan el mugre, la muchedumbre, el olor del pan…
 Lo van a dar doble. Será?
Abuela no escupas el suelo
Tu reloj no sabe de las neumonías
!Abrid la ventana; brindemos por la neumonía!
Hace falta que llueva un siglo
La lluvia alimenta el corazón de un poeta.
Frai Betto analizó las estrellas y me inspiró
Aquella hace 100 mil años murió;
su  luz todavía nos ciega
y aún  rezamos y pedimos perdón.
Noche, dónde están tus muertos?
Se arrastran entre los muros de la incomunicación
entre la impotencia y las vaginas epilépticas.
Noche, vives de la esperanza del  nuevo día
Este también puede traer la muerte.
Abuela, no temas,  aún te falta mucho por toser.
El día de mañana trae la vida
o la muerte…
Y yo tengo los brazos abiertos
aquí en nuestra casa.