Julián del Casal

NEUROSIS

 

Noemí, la pálida pecadora
de los cabellos color de aurora
y las pupilas de verde mar,
entre cojines de raso lila,
con el espíritu de Dalila,
deshoja el cáliz de un azahar.

 

Arde a sus plantas la chimenea
donde la leña chisporrotea
lanzando en torno seco rumor
y alza tiene su tapa el piano
en que vagaba su blanca mano
cual mariposa de flor en flor.

 

Un biombo rojo de seda china
abra sus hojas en una esquina
con grullas de oro volando en cruz,
y en curva mesa de fina laca
ardiente lámpara se destaca
de la que surge rosada luz.

 

Blanco abanico y azul sombrilla,
con unos guantes del canapé,
mientras en taza de porcelana,
hecha con tintes de la mañana,
humea el alma verde del té.

 

¿Pero qué piensa la hermosa dama?
¿Es que su príncipe ya no la ama
como en los días de amor feliz,
o que en los cofres del gabinete,
ya no conserva ningún billete
de los que obtuvo por un desliz?

2 Replies to “Julián del Casal”

  1. Amiga me ha gustado el poema, pero si te detuviste a leerlo bien, es más que un poema, una denuncia y una fuerte y dura crítica a aquellas mujeres que se entregan por un puñado de monedas o billetes y dejan a un lado su dignidad y orgullo para dejar de ser mujeres y ser poco más que una (P…) equivale a una mala palabra que no voy a emplear.
    Mira tú qué enfoque más peculiar le da el autor a unos de los delitos morales más antiguos, por así llamarlo, que aún hoy y con una fuerza enorme nos circunda, esa falsa “profesión” como muchos le dicen, es casi tan antigua como la humanidad misma, espero que por un momento alguien lea y comprenda que no hay nada más triste que una mujer que vende su cuerpo para lucrar, o porque simlemente teme enfrentar la vida y realizarse a sí misma, de esas falsas riquezas que nos da el interés y la baja autoestima está llena la miseria humana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*