Virgen Triste

http://www.cubaliteraria.cu/autor/juana_borrero/image/plastica/dibujo_01_.jpgDibujo de Juana
La Poesía de Julián del Casal es incomparable y este especialmente es uno de los mejores poemas que sacan sentimientos hermosos al que los lee, por nos demos cuenta de como el apreciaba a Juana Borrero y en que alta estima la tenia.
Virgen triste
(Julián del Casal)
Tú sueñas con las flores de otras praderas,
nacidas bajo cielos desconocidos,
al soplo fecundante de primavera,
que avivando las llamas de tus sentidos,
engendren en tu alma nuevas quimeras.
Hastiada de los goces que el mundo brinda
perenne desencanto tus frases hiela,
ante ti no hay coraje que no se rinda,
y siendo aún inocente como Graciela,
pareces tan nefasta como Florinda.
Nada de la existencia tu ánimo encanta;
quien te habla de placeres tus nervios crispa;
y terrores secretos en ti levanta,
como si te acosase tenaz avispa
o brotaran serpientes bajo tu planta.
No hay nadie que contemple tu gracia excelsa
que eternizar debiera la voz de un bardo,
sin que sienta en su alma de amor el dardo,
cual lo sintió Lohengrin delante de Elsa,
y a mirar a Eloísa, Pedro Abelardo.
Al roce imperceptible de tus sandalias,
polvo místico dejas en leves huellas,
y entre las adoradas sola descuellas;
pues sin tener fragancia como las dalias,
tienes más resplandores que las estrellas.
Viéndote en la baranda de tus balcones,
de la luna de nácar a los reflejos,
imitas una de esas castas visiones,
que teniendo nostalgia de otras regiones,
ansían de la tierra volar muy lejos.
Y es que al probar un día del vino amargo
de la vid de los sueños, tu alma de artista,
huyendo de su siglo materialista,
persigue entre las sombras de hondo letargo
ideales que surgen ante su vista.
¡Ah! Yo siempre te adoro como un hermano,
no sólo porque todo lo juzgas vano
y la expresión celeste de tu belleza,
sino porque en ti veo ya la tristeza
de los seres que deben morir temprano.

 

 

 

 

Madre

Con este poema quiero hacer un homenaje a mi Madre que es mi Ángel de la guarda:

Madre
Sé que nada es eterno, sé que tú no eres eterna.
Pero, eres eterna aquí en mi corazón,
Eres eterna en los paisajes que admiro.
Eres eterna en las palabras que digo.
Eres eterna en los cuadernos que escribo.
Eres eterna en la forma que me bebo la leche en las mañanas.
Sé que nada es eterno, pero la realidad si es eterna.
Yo no soy eterna.
Pero tú huella si es eterna
En los miles de caminos transitados por ti.
May 21/06/17

 

Amado Nervo

Desde Muy joven he seguido la obra de este poeta, una amiga mayor que yo tiene un libro muy viejo que no recuerdo el año de su edición, y me lo prestó para que leyera los poemas de ese libro eran muchos autores pero el que mas me marco por el gusto de sus poemas fue Amado Nervo.
Apreciados lectores espero que este poema les sea de su agrado.
Tú que piensas que no creo
cuando argüimos los dos,
no imaginas mi deseo,
mi sed, mi hambre de Dios;
ni has escuchado mi grito
desesperante, que puebla
la entraña de la tiniebla
invocando al Infinito;
ni ves a mi pensamiento,
que empeñado en producir
ideal, suele sufrir
torturas de alumbramiento.
Si mi espíritu infecundo
tu fertilidad tuviese,
forjado ya un cielo hubiese
para completar su mundo.
Pero di, ¿qué esfuerzo cabe
en un alma sin bandera
que lleva por dondequiera
tu torturador ¿quién sabe?;
que vive ayuna de fe
y, con tenaz heroísmo,
va pidiendo a cada abismo
y a cada noche un ¿por qué?
De todas suertes, me escuda
mi sed de investigación,
mi ansia de Dios, honda y muda;
y hay más amor en mi duda
que en tu tibia afirmación.
Amado Nervo

Íntima

Aquí otro poema de unas de la más grandes poetizas latinas de la historia.

 

¿Quieres sondear la noche de mi espíritu?

Allá en el fondo oscuro de mi alma

hay un lugar donde jamás penetra

la clara luz del sol de la esperanza.

¡Pero no me preguntes lo que duerme

bajo el sudario de la sombra muda…

detente allí junto al abismo, y llora

como se llora al borde de las tumbas!

Íntima, de Juana Borrero

Otro de Villena

Nunca me había detenido en leer sus obras pero compre un ejemplar de “La Pupila Insomne” y fue cuando conocí su estilo y como trasmitía un sentimiento de melancolía. Aquí estoy haciéndole honor a su obra.

Este me lo obsequió mi amigo Lost

HEXAEDRO ROSA
I
!Te amo!…
A tu lado o en tu ausencia; en la realidad o en el sueño;
en la intimidad del rincón amable o ante el formidable arrullo del mar;
en la noche lunada o negra y punteada
de estrellas interrogadoras; en el momento maravilloso
y tierno del amanecer; en el estupor meridiano del día
o en el pensamiento crepúsculo de oro…
En todos los sitios y a todas las horas te he dicho ya
las palabras que creí no iba a pronunciar jamás.
II
Tu amor irrumpió mi vida como se cuela una ráfaga
por una ventana abierta.
Todos mis papeles se alborotaron y en un vuelo de
espanto se deslizaron bajo los muebles y hacia los rincones.
¿Qué haz hecho, revoltosa?… ¿Cómo penetras sin
permiso?… No quieras irte. He cerrado cuidadosamente
la ventana y no te dejaré hasta que arregles lo que desordenó
tu travesura. !A ver si recoges aquel recuerdo
mio y me traes esas cuartillas de la historia triste y el
cuento ese que aún no he terminado y aquella esperanza
que germinaba bajo mi frente cargada hace un instante
por estos pensamientos que han quedado aquí, a mis
pies, truncos y revueltos! !Qué maremágnum has ocasionado
con tu entrada! !Anda, obedece!…
Y mientras te digo todo esto, tú estás ahí, de pie en el
medio de mi alma, con mi más vieja tristeza bajo el tacón
de tu zapato, diciendo a mi severidad, con una sonrisa
divina: -Indudablemente, nada hay más descortés
que un rayo de sol…
Y lo peor del caso -!atrevida!- es que pareces muy
satisfecha de que haya cerrado mi ventana.
III
Tú dices que eres triste. Yo sér que comprendes mis
tristezas. Pero a pesar de ti misma, tú eres alegre,
alegre como la luz, como la flor, como el trino.
Lo raro es que tu alegría es producida por mi amor.
Proviene tu alegría del amor del hombre taciturno,
obsedido por el Misterio y por el Arte, envenenado por
la Filosofía y por el Mundo.
Como yo conozco ese milagro, temo que se produzca
en mi. Temo el contagio de tu celeste y poderoso júbilo.
!Oh amada! no me arrebate tu alegría lo que me
enorgullece y me define. !No vuelva el tiempo ingenuo
de la poesía melifua y desastrosa! En mi gravedad de
crepúsculo tendré, para ti sola, luces y flores y trinos.
Déjame la palabra amarga. La tristeza y la cólera son mías.
Pero mi ternura sabrá nacer tu jovialidad de niña en
un columpio de arrullos.
IV
Será un día cualquiera… Habrá rostros graves y rostros
sonrientes. Todo acurrirá como en un sueño y tú no
sabrás qué pasa…(Tu alma será una dulce angustia y una expectación de aurora)
-¿Por qué me visten así?¿POr qué me coronan de
flores?¿Por qué lloran y rien? -me preguntarás
Y yo permaneceré silencioso, para no romper con mi
voz el sonambulismo del momento.
Pero mi ternura sabrá mecer tu jovialidad de niña
cuando hayan quitado los polvos a besos, cuando tú también
derrames una lágrima límpida, entonces, rodearé tu
cintura con mis brazoz y te diré una palabra:
-Vamos…
V
Música, la de tus palabras; perfume, el de mis versos;
corona, mis lágrimas sobre tu cabellera.
¿Qué mejor cinturón, para tu talle, qué cinturón más
tierno, más fuerte y más justo que el que te darán mis
brazos?… Para tu seno, ¿qué mejor ceñidor que mis
manos amorosas?… ¿Qué mejor pulsera para tus
muñecas que las que formen mis dedos al tomarlas para
llevar tus manos a mi boca?…
Una sola mordedura, cálida y suave, a un lado de tu
pecho, será un broche único para sujetar a tu cuerpo
la clámide ceñida y maravillosa de mis besos…
Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor. Yo te
vestiré de caricias…
VI
Entonces…
Cuando en tu cuerpo, rendido, no vibre ya el temblor
elástico de los miembros; cuando tus labios no tengan
fuerzas para besar; cuando tu brazo fatigado se
extienda en un reposo lánguido y en un gesto débil y
esquivo de negación agites la cabellera trémula…
Entonces… Cuando tus ojos estén borrachos de
adormideras sutiles, cuando los párpados te pesen y se
caigan, quemados por la mirada ardiente de toda la
noche… Entonces, a través de la fina malla de tus
pestañas, verás todavía alargarse en mis pupilas ávidas
un desperezamiento de panteras…
Rubén Martínez Villena.